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Arroyo

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Su origen aparece confirmado en el año 1053, tal y como figura en el Cartulario o Libro de Regla de la Colegiata de Santa Juliana y logró adquirir cierta relevancia en el siglo XVII, llegando a corresponder su administración a un procurador.

En la actualidad el pueblo, surgido en una depresión entre suaves colinas y situado a dos kilómetros al noroeste de la capital, es el menos poblado del municipio, aunque su interés no es desdeñable, dado que alberga un notorio conjunto de arquitectura popular con inmuebles de los siglos XVII y XVIII y la capilla de Nuestra Señora, además de la Cueva de Arroyo, testigo de primigenios habitantes de la época prehistórica.