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Edad Moderna

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Durante los siglos XV y XVI el poder de los nobles y hacendados posibilitó la construcción de espectaculares palacios y torres demostrando su dominio económico. No obstante, la decadencia de la villa tiene como punto de inflexión la decisión del rey Juan II de conceder el señorío en 1445 al hijo de Leonor de la Vega, Iñigo López de Mendoza, que pasó a ser Marqués de Santillana.

El enfrentamiento de poderes político y religioso provocó el famoso Pleito de los Valles (localidades que se negaron a pertenecer a otro señor que no fuese el Rey) y, en consecuencia, un estancamiento y retroceso de la villa, por quedarse fuera de la jurisdicción real. Santillana quedó marginada en el aspecto administrativo hasta 140 años después, momento en que quedó sometida al control del Duque del Infantado hasta la constitución del Ayuntamiento en el año 1833.

A pesar de su difícil situación territorial, la villa logró resplandecer en el siglo XVII gracias a las aportaciones de ricos y poderosos hacendados que habían participado en la expansión española en Europa y América y que decidieron construir sus viviendas en Santillana. La mayor parte de ellas son las que podemos ver hoy en día, con una estructura similar, regia y elegante, y numerosos blasones identificando a los primigenios dueños. El caso urbano se creó mayoritariamente entonces, con palacios y casas de dos plantas, recios portones, ventanales y balconadas que nos permiten atisbar, hoy en día, resquicios de la vida en la época e imaginarnos situaciones cotidianas en un ambiente muy diferente al actual. La Santillana barroca ha quedado impresa en el tiempo y el implacable paso de los siglos no ha podido desgastar las sugerentes imágenes que nos provoca.