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El convento de Regina Coeli

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El origen de esta edificación religiosa tiene nombre propio: Alonso de Velarde, que creó a escasos metros de la Colegiata, junto al Palacio que lleva su nombre, una Casa de Dominicos en 1592, en cuanto obtuvo el permiso del arzobispo de Burgos para fundar el convento, primero de Cantabria de este índole.

No obstante, con el fallecimiento de Alonso de Velarde, tan solo cinco años después, su hijo Pedro se desentendió de la fundación y el prior hubo de recurrir a Iñigo de Mendoza, duque del Infantado, que ofreció a los dominicos las casas del Hospital de Peregrinos ubicadas en la calle del Cantón.

Sin embargo, este lugar poco adecuado por su proximidad a la Colegiata y su carencia de agua y tierras obligó a los religiosos a solicitar, un año después, un nuevo emplazamiento que se materializó en la zona conocida como Campo de Revolgo, donde se ubica en la actualidad.

Las obras comenzaron en 1612 bajo la protección del Duque del Infantado y con la ayuda de los vecinos más humildes, que trabajaron intensamente en las labores más rutinarias, redoblando sus esfuerzos para levantar muros, picar piedras, etcétera, mientras que la autoría de las bóvedas y la fachada principal se atribuye a Domingo de Agüera, famoso artista natural de Barcenaciones.

Los esfuerzos colectivos dieron su fruto 36 años después y la iglesia pudo consagrarse en el año 1648. Con una estructura sencilla de una sola nave de tres tramos, capillas laterales y ábside cuadrado, no fue hasta el siglo XVIII cuando se realizó una capilla mayor y se realizó la sacristía actual con el camarín, así como el claustro, austero y rígido, que es uno de los mejores con los que se ha identificado el barroco en Cantabria. Al ser el principal elemento artístico del convento, constituyó su eje dominante, articulándose a su alrededor las distintas dependencias, salas hoy del Museo Diocesano en que se convirtió la edificación en 1967.

El objeto de este centro documental es conservar, estudiar y exponer parte del patrimonio artístico religioso de la Diócesis. Así, en las distintas salas del museo, que alberga un millar de obras, se pueden ver tallas en madera policromada de época medieval y moderna, orfebrería procedente de distintas zonas de Cantabria, esmaltes, marfiles, y también obras donadas por indianos de Filipinas y América. Además, el convento alberga también un Taller de Restauración de gran prestigio y el Archivo Documental Diocesano.

Durante el siglo XVIII la formación de los dominicos adquirió gran esplendor y prestigio y la comunidad continuó establecida hasta la famosa desamortización de Mendizábal. A finales del siglo XIX, la residencia fue utilizada por dos secciones de monjas clarisas. Una de las comunidades de religiosas prosiguió en el convento su rigurosa y mística actividad durante el siglo XX hasta su muy reciente traslado al de las dominicas.