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El interior de la Colegiata

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Tras apreciar pausadamente todos los elementos visuales del exterior de la Colegiata conviene adentrarse en el interior para descubrir un mundo paralelo de quietud e intenso fervor religioso dominado por ese temor reverencial al Pantocrator que caracterizaba la época.

El espacio se reparte en una planta trapezoidal de iglesia de tres naves, que se dirigen hacia el crucero en cuatro tramos, y tres ábsides. Las columnas adosadas descansan en capiteles esculpidos con multitud de motivos: Grotescos, amenazadores, y simbólicos preñados de una reverente cristiandad y tallados con cierta tosquedad y robustez.

Los habitantes artísticos del templo dotan aún de mayor significado la visita, empezando con el sepulcro de Santa Juliana, que rememora el lugar donde presuntamente descansaron sus reliquias, aderezado con una figura yacente de cierto candor infantil cuyo interés se limita a la identidad de la mártir que dio origen a la villa.

Capítulo aparte es el Retablo Mayor, datado a finales del siglo XV y principios del XVI, con elementos del gótico flamígero y plateresco. Su estructura es de tres calles, la central integrada de esculturas en madera y las laterales de pinturas sobre tabla. En las entrecalles se aprecian las figuras de los doce apóstoles y en el bancal o pedrela en el que descansan los pisos se representan a los evangelistas en sus pupitres simulando escribir, en actitud naturalista. Como curiosidad, cabe resaltar la representación de un pequeño ratón en uno de los libros del escritorio.

En cuanto a las tallas de la calle central, están dominados por la figura de Santa Juliana, la Virgen de los Ángeles y el Calvario de Cristo. La imagen de la Patrona de la Colegiata se remonta al año 1699 y proviene de Valladolid, sin demasiado interés artístico, al igual que la Virgen central, mientras que el Crucificado de la parte superior ejemplifica el gótico final, con la típica hosquedad y rudeza del estilo. En las calles laterales, las pinturas del Retablo evidencian la unidad en la autoría, por su patente similitud estética. La temática es clásica, de un lado, el martirio de la Santa y de otro, típicas escenas evangélicas.

Otras obras preciadas de la iglesia se pueden encontrar en la sacristía, como dos imágenes góticas de Virgen con niño de los siglos XIII y XV; un Cristo de marfil hispano-filipino de finales del siglo XVII; un busto relicario de Santa Juliana y un cofrecito barroco de filigrana de plata (ambos destinados a guardar las reliquias de la mártir); y una notable muestra de platería gótica, entre otros ornamentos valiosos decorativos.