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Flora y fauna

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Desde Punta del Calderón, que es un resguardo natural en medio de unos abruptos acantilados que fue utilizado como puerto y cuyos orígenes se remontan a la época romana, hasta la playa de Santa Justa, se puede disfrutar de un camino verde con algunos ejemplares de roble, cagiga y tejo.

Sin embargo, en su mayor parte, lo que proliferan son intensos prados de siega, con numerosas plantas adaptadas al clima costero como la esparraguera marina, la colleja y la cañuela roja.

En los agrestes acantilados de Ubiarco la fauna se representa en los cormoranes y gaviotas, principales aves marinas que se avistan. Roedores y micromamíferos también pueblan el área sirviendo de alimento a las escasas rapaces que en ocasiones se dejan ver por allí. También en este litoral se localizan la cala de La Jerrona y otra denominada Onzaperas, espectaculares parajes naturales con numerosas bufas, que son intrincados y feroces cauces por donde transcurre el mar provocando salidas a presión del aire por la acción de las olas en la base de los acantilados.

Al adentrarse en el municipio, la flora se va adaptando paulatinamente y las plantas costeras se transforman en especies leguminosas y gramíneas muy habituales en los prados cántabros, abundando también los matorrales de tipo mediterráneo así como numerosas encinas. No obstante, las repoblaciones de eucaliptales han definido el área vegetal del municipio, eliminando en consecuencia la fauna y el sotobosque característico de otras especies.

La limitada variedad y riqueza tanto en botánica como en fauna peculiar y propia del municipio se suple en áreas privadas. Así, en Santillana se concentra un núcleo vegetal de gran abundancia en una finca delimitada por el Palacio de Peredo Barreda y su gran tapia con importantes y curiosas especies vegetales entre las que destaca un imponente ginkgo de 25 metros de altura y 3,5 de perímetro y un castaño de indias con casi 4 metros de circunferencia. El espléndido y colorista jardín se completa con dos alineaciones paralelas de plátanos así como laureles, tejos, acacias, robles autóctonos y americanos, fresnos, arces, y un largo etcétera.

Volviendo a la prehistoria, tan presente y tan viva en Santillana, es recomendable visitar el bosquecillo de abedules y avellanos próximo a la Neocueva. A través del análisis del polen del yacimiento de Altamira los científicos han podido realizar una restitución paisajística con las especies vegetales que poblaban los alrededores de la cavidad y así, se pueden encontrar también en la zona pinos, fresnos, robles y una gran variedad de plantas herbáceas como brezos y gramíneas.