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La Casa de La Parra y la Casa del Águila

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Aunque constituyen dos edificaciones distintas, unidas por un estrecho cuerpo de dos pisos, se conocen como un elemento común perfectamente identificable en la zona alta de la Plaza Mayor. La de la Parra, que debe su nombre al árbol que abrazaba su fachada principal, es la más antigua, fechada en el siglo XVI.

Perfectamente arraigada a la tradición gótica, que se aprecia fundamentalmente en sus apuntadas puertas, con regia cerrajería, consta de una planta rectangular con tres alturas y cubierta a dos aguas. También destaca en la construcción las ventanas geminadas del hastial lateral y el remate escalonado con pináculos al estilo de la época. El otro elemento visible del cuerpo central es una pantalla de entramado de madera y ladrillo que solapa la edificación original.

La casa del Águila

La Casa del Águila se construyó un siglo después, a mediados del XVII. Planteada en tres alturas, perfectamente distinguibles en la fachada principal, lo más relevante se sitúa en la planta inferior, que presenta un zaguán porticado, con arcadas de medio punto y otras dos laterales, así como los dos antepechos en el piso intermedio. El escudo con el águila de la familia Estrada-Tagle que otorga su nombre al edificio figura en esta zona, mientras que en la planta superior se esconde una solana de madera del mismo tamaño que la fachada, que corresponde a un añadido posterior.

Tras varios propietarios conocidos, entre los que se encuentra Bernardo Velarde Ibáñez, las Casas de La Parra y del Águila pertenecen en la actualidad a la Consejería de Cultura del Gobierno de Cantabria.
Como último apunte de la visita a los edificios, cabe destacar que en su exterior, frente a ellos, sobresale una particular escultura del bisonte, realizada por el gran artista local Jesús Otero, y situada estratégicamente en la Plaza Mayor como el especial homenaje del escultor a la obra de Altamira, que tanto admiraba.

Otero (1908-1994), nacido en la emblemática calle el Cantón, es otro de los grandes valores endógenos de la villa y su obra, -que se puede disfrutar en el Museo y Fundación homóloga situado en la plaza Abad Francisco Navarro, junto a la Colegiata-, uno de los legados culturales más importantes de la época.