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La Cueva de Altamira

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Descubierta en 1879 por Marcelino Sanz de Sautuola, su excepcionalidad y su especial interés reside en que fue la primera hallada en el mundo con arte rupestre, lo que provocó una gigantesca ola de estudios, investigaciones, contradicciones e incluso escepticismo, sobre todo en los años posteriores a su hallazgo, dado que los expertos no creyeron que el hombre prehistórico fuese capaz de realizar ningún tipo de representación artística.

La autenticidad de las pinturas se reforzó a principios del siglo XX con la aparición de varias cuevas con arte en Francia, lo que propició el reconocimiento internacional del arte rupestre paleolítico.

Aunque las manifestaciones artísticas de la cueva se remontan a hace 35.600 años, tienen una calidad excepcional, con presencia de todas las técnicas de la época y dentro de un amplio abanico temporal, lo que han hecho a Altamira merecedora de ser declarada Patrimonio de la Humanidad desde 1985.

A falta de confirmación oficial y de nuevos datos y pruebas que corroboren los últimos estudios, que mantienen plenamente vigente en la actualidad el interés de los investigadores, aún siguen sorprendiendo los trazos y las figuras representadas en la estancia principal de la cavidad, denominada sala de polícromos, que hoy se pueden observar con minuciosa fidelidad en la Neocueva abierta al público, como muestra de la vida y de las inquietudes de los primeros hombres que habitaron la zona.

La Cueva se ubica a uno de los lados de una pequeña colina, pero con una configuración espacial diferente, dado que la línea de costa ha retrocedido considerablemente en tantos. Hay que imaginar, por lo tanto, un escenario de localización un tanto diferente, lo mismo que la entrada, ya que en el Paleolítico superior había una franja, o pasillo costero, que ha desaparecido debido a la subida del nivel del mar cuando la época de las glaciaciones dio paso a un periodo más cálido hace unos 10.000 años. Fue el derrumbe de la cavidad en esa época lo que ha permitido la conservación de las pinturas hasta nuestros días.

Al contrario de otras cuevas halladas en Cantabria, Altamira tiene escasa longitud, apenas 270 metros, y una estructura sencilla de una galería que termina en otra de mayor dificultad de acceso. No obstante, el interés de la cavidad no responde a criterios geológicos, sino a las extraordinarias pinturas que se encuentran en la denominada sala de los polícromos, situada apenas unos metros del vestíbulo y alejadas del lugar donde residían los hombres prehistóricos, que era a la entrada, donde llegaba la luz. La apodada por Déchelette la ‘Capilla Sixtina del arte cuaternario’ (aunque esta datación se encuentre hoy en dudas) es una maravilla para los sentidos, una conjunción sin igual de arte, prehistoria y antiguos rituales que provoca al visitante un vértigo sensorial difícil de explicar con palabras.

Así, en un espacio limitado de una bóveda de 18 metros de largo por 9 de ancho se encuentra la obra artística más admirada de la Prehistoria, así como su máximo representante: El bisonte encogido, pintado aprovechando el abultamiento natural de la cueva con trazos firmes y seguros en negro y frotados de diferentes intensidades en rojo. Su figura dominante y expresiva no oculta, sin embargo, el resto de representaciones animales que ofrece el ordenado conjunto. Más de una veintena, perfectamente policromadas, se pueden distinguir, y en concreto una manada de bisontes, caballos, una cierva, signos y unas máscaras antropomorfas en la galería final de la cueva. En contra de lo que se cree y esta extendido, no hay jabalíes ni toros.

Sorprende el dominio de la anatomía de los animales por parte del autor, si atendemos las teorías de algunos científicos sobre una única mano ejecutora de los principales trabajos, aunque bien es cierto de que la Cueva alberga pinturas de diferentes épocas e incluso incipientes dibujos de trazos irregulares o los símbolos denominados ‘macarrones’ o los revelados en positivo y negativo de manos anónimas, presentes en otras muchas cavidades.

La pintura está realizada con diversos materiales, como carbón vegetal para los contornos de líneas negras, y pigmentos minerales de óxido de hierro rojos y diferentes tonos ocres. Aprovechando el relieve de la cavidad se consiguió también una mayor sensación de realismo, creando la ilusión de un volumen potenciado también con los intensos colores rojo y negro de las figuras.

El grupo de policromías más conocidas, dominadas por el bisonte principal, se encuentra en el lado izquierdo de la bóveda, dado que en el derecho se puede distinguir otro conjunto de representaciones pictóricas y al fondo del techo otro más, hasta sumar más de un centenar. No obstante, destacan tres figuras animales del resto por sus características especiales: La citada del bisonte encogido, pintada sobre un abultamiento de la bóveda; la denominada ‘gran cierva’, que supera los dos metros y es la de mayor tamaño de todo el conjunto; y el caballo rojo, que en un principio se pensó que era el más antiguo, pero las últimas investigaciones han revelado que la datación anterior corresponde a un signo.

En la actualidad, para admirar Altamira y analizar todos los detalles se debe visitar la Neocueva, dado que la cavidad original se encuentra cerrada al público para garantizar su conservación. Situada en el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira, fue realizada utilizando las mismas técnicas de dibujo, grabado y pintura que los artistas prehistóricos, pero además reproduce fielmente lo que fue la vida en la cueva. Con una ambientación perfecta, la Neocueva consigue que los visitantes puedan sumergirse en la Prehistoria y realizar un viaje en el tiempo adentrándose en la vida de los hombres que habitaron la zona hace miles y miles de años para tratar de entender un poco más las inquietudes que les llevaron a crear una obra de arte tan excepcional y misteriosa.

Visitar Altamira sirve también como punto de inflexión para tratar de entender, desde su origen, la historia de la humanidad, por lo que nadie que acuda a Santillana debe dejar de pasar la oportunidad de acercarse hasta el Museo y Centro de Investigación. La visita, sin duda, será inolvidable.